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Nieve después de un largo período frío

Por 9 enero, 2020 Sin comentarios

Tras varias semanas sin nevar y con una clara inversión térmica; los ciclos de fusión y rehielo han actuado sobre las solanas. El aire se estratifica, las nieblas aparecen en los fondos de los valles mientras que en cotas medias y bajas las temperaturas son inusualmente altas para la época. La situación se torna casi primaveral, y la preocupación por avalanchas disminuye casi casi al máximo. Estabilidad, sol y moscas. Todo va bien.

Sin embargo, esta situación meteorológica prolongada de bonanza y estabilidad no es gratis. En la superficie de la nieve están pasando cosas; y de cara a la próxima nevada pagaremos el precio correspondiente. Esta situación corresponde a la situación tipo nº5 “Nieve después de un periodo largo de frío” del libro “Lawine” de Rudi Mair y Patrick Nairz.

Situación tipo nº5

Uno de los clásicos entre ciclos de avalanchas corresponde a la nevada después de un periodo de frío. Imaginemos un periodo frío anticiclónico, como el que estamos pasando. Se anuncia la llegada de un frente. La nevada puede venir acompañada de fuerte viento, lo que aumenta el transporte eólico, o sin viento. En poquísimo tiempo se genera una situación muy peligrosa para salir a la nieve.

El problema radica en que en las laderas a sotavento la nieve transportada por el viento (o la nieve caída sin viento) se acumula y deposita sobre un manto viejo que en superficie tiene muy poca cohesión. La nieve nueva/nieve transportada por el viento se une mal a la nieve más vieja que está en la superficie. El manto nivoso es tan inestable en estos casos que basta una pequeña sobrecarga para romper el equilibrio. Esto puede suceder incluso si después de un largo periodo de frío “Sólo” sopla el viento, sin nevada (no es el caso de estos días donde las costras brillan por todas partes).

¿Cómo reconocer esta situación?

Lo más importante es saber reconocer estos periodos de anticiclón fríos al principio del inverno. Y todos los años ocurren una o dos veces. Durante el periodo anticiclónico frío el sol luce en todo su esplendor. Parece que la nieve se va secando poco a poco en algunas orientaciones y generalmente el peligro de aludes asociado es 1 DÉBIL. Apenas empieza a nevar, el peligro se dispara de manera espontánea, sobre todo si la nevada va acompañada de viento. ¿Qué debemos tener en cuenta? Que una pendiente fuerte se puede descender sin problema durante el periodo frío anticiclónico, pero puede convertirse en una trampa mortal en poquísimas horas.

Desde el punto de vista meteorológico hay una diferencia entre días de “hielo” y días de “helada”. En los días de hielo las temperaturas permanecen por debajo de cero durante todo el día. En los días de helada, la temperatura baja hasta casi el punto de congelación. Durante los largos periodos fríos, los días de hielo y helada se suceden unos a otros generando una serie de procesos de trasformación en el interior y superficie del manto nivoso (metamorfismos), que tienen un efecto negativo en cuanto a las avalanchas tan pronto como comienza a nevar.

La transformación de la nieve

La nieve es un material muy complejo que está en constante cambio. Este cambio se denomina metamorfismo, y puede ser de dos tipos:

  • Destructivo: tiende a formar nieve bien cohesionada. Los cristales de nieve resultantes son pequeños, redondeados y tienden a estar fuertemente unidos entre sí.
  • Constructivo: tiende a formar nieve sin cohesión. Los cristales resultantes son grandes, angulosos y sus uniones son pocas y débiles.

Esto de los metamorfismos es algo complejo de explicar; así que vamos a intentar resumirlo y hacerlo fácil.

Los motores que determinan si el metamorfismo es constructivo o destructivo son la temperatura (gradiente de temperatura) y la humedad. En el caso que tenemos ahora con el periodo largo y frío, ocurre el metamorfismo constructivo.

Durante las noches frías y despejadas, en las laderas de umbría (atención que las Este y Oestes en los meses de diciembre y enero también son umbrías) la nieve emite calor hacia la atmósfera. Al emitir calor, se enfría. Si hay un aporte de humedad (como nieblas en el fondo de valle, cercanía a un riachuelo, etc) puede formarse escarcha de superficie. Si el aporte de humedad proviene del propio manto (acordaos que nevó hasta 2600m hace unas semanas), y se junta el poco espesor del manto, la humedad y la fuerte diferencia de temperatura, tenemos los ingredientes para tener un fuerte gradiente de temperatura que implica el gradiente constructivo. Los cristales irán haciéndose más grandes, más angulosos y estriados y perdiendo las uniones entre ellos. Las costras en umbrías poco a poco van desapareciendo; y en su lugar aparecen estratos de nieve con poca cohesión.

Mientras esos cristales angulosos y estriados con poca cohesión estén en la superficie, todo va bien. Incluso mejora la calidad del esquí, ya que pasamos de costra a algo más agradable. Sin embargo, al quedar enterrados se convierten en un problema de los gordos, ya que son cristales que entran dentro del grupo de “los malos de la película”, los ESTRATOS DÉBILES PERSISTENTES. No solo son “malos” porque van asociados a inestabilidad; sino que además tardan mucho tiempo en desaparecer. Pueden quedar enterrados después de sucesivas nevadas, y ellos no cambian; siguen ahí, incohesivos, angulosos y grandes esperando su momento.

¿Cuál es nuestra estrategia?

Por suerte, si una nevada sigue a este periodo frío, en los boletines se indicará en qué laderas (cotas y orientaciones) podemos encontrar este tipo de avalanchas, y qué sobrecarga es necesaria para desencadenarlos. De base descartaremos las umbrías.

La estrategia será evitar esas cotas y orientaciones, y buscar terreno con poca pendiente (<30º), gestionar bien el grupo (pasar de uno en uno, no exponer a todo el grupo a la vez, jugar con los elementos seguros del terreno como lomas, etc), alejarnos de terreno conectado con pendientes fuertes, etc. A medida que vaya avanzando la temporada, en los boletines se indicará si ese estrato sigue activo y dando problemas, está activo pero ha quedado profundo y “a la espera”, o por suerte ha desaparecido.

Atención sobre todo a las ganas locas de tirarse por todas partes después de este largo periodo de “sequía nival” y costras. Pasamos de poder tirarnos casi por cualquier sitio y con ojos cerrados a una situación peligrosa y compleja de manejar hasta que el manto poco a poco se vaya ajustando a la nueva carga de nieve. Y esto puede durar más tiempo del que nos pensamos. De modo que va a exigir que tengamos mucha paciencia y autocontrol, no sólo tras la primera nevada, sino incluso después de las siguientes. Esto es debido a que puede que el estrato débil que se está formando en superficie aguante el peso de la primera nevada que caiga (10-15 cm por ejemplo?)…. pero no el de una segunda, y ya será más nieve la que se ponga en movimiento (15 cm + 20 cm = 35cm). recordad que las avalanchas asociadas a esta situación pueden dar lugar a actividad casi de forma inmediata, o durar varios días, incluso semanas.

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